miércoles, 23 de agosto de 2006
EL SEXO es un asunto sutil, delicado, porque la palabra «sexo» está asociada a siglos de explotación, corrupción, ideas per¬vertidas y condicionamientos. Esta palabra está totalmente car¬gada. Es una de las palabras más cargadas de la existencia. Cuan¬do dices «Dios» parece que está vacía. Cuando dices «sexo» está demasiado cargada. Aparecen en la mente mil y una asociacio¬nes: miedo, perversión, atracción, un tremendo deseo y también un tremendo anti-deseo. Surgen todas a la vez. Sexo: la propia palabra crea confusión, caos. Es como si alguien tirara una pie¬dra en un estanque silencioso; surgen miles de ondas, ¡sólo por la palabra «sexo»! la humanidad ha estado viviendo bajo con¬ceptos muy equivocados...
¿Os habéis fijado que a cierta edad el sexo se vuelve impor¬tante? No es que le des importancia. No es algo que tú estés haciendo; sucede. Alrededor de los catorce años, la energía, de repente, se inunda de sexo. Es como si se abrieran unas com¬puertas dentro de ti. Se abren fuentes sutiles de energía que no estaban abiertas todavía, y toda tu energía se vuelve sexual, te¬ñida de sexo. Piensas sexo, cantas sexo, andas sexo..., todo se vuelve sexual. Todas las acciones se tiñen. Esto sucede sin que hagas nada. Es natural. La trascendencia también es natural. Si se vive el sexo totalmente, sin censurar, sin ideas de cómo deshacerse de él, entonces a los cuarenta y dos años (del mismo modo que a los catorce años el sexo aparece y toda la energía se vuelve sexual), alrededor de los cuarenta y dos años, las com¬puertas del sexo se vuelven a cerrar. Y esto es tan natural como el despertar del sexo; ahora comienza a desaparecer.
El sexo se trasciende sin ningún esfuerzo por tu parte. Si ha¬ces esfuerzos será represión, porque no tiene nada que ver con¬tigo. Es intrínseco a tu cuerpo, a tu biología. Naces como un ser sexual; no tiene nada de malo. Es la única manera de nacer. Ser humano es ser sexual. Cuando fuiste concebido, tu padre y tu madre no estaban rezando, no estaban escuchando un ser¬món del sacerdote. No estaban en la iglesia, estaban haciendo el amor. Parece incluso difícil pensar que tu padre y tu madre es¬tuviesen haciendo el amor cuando te concibieron. Estaban ha¬ciendo el amor; su energía sexual se estaba encontrando y se es¬taban fundiendo el uno en el otro. Entonces, fuiste concebido; fuiste concebido en un profundo acto sexual. La primera célula fue una célula sexual, y de esa célula fueron surgiendo todas las demás. Pero cada célula sigue siendo básicamente sexual. Todo tu cuerpo es sexual, hecho de células sexuales. Ahora ya son mi¬llones de células.
Recuerda: tú existes como un ser sexual. Una vez que lo aceptas, se disuelve el conflicto creado a lo largo de los siglos. En cuanto lo aceptas profundamente, sin ideas por medio, cuando piensas en el sexo como algo sencillamente natural, lo vives. No me estás preguntando cómo trascender la comida, cómo tras¬cender la respiración; porque ninguna religión te ha enseñado a trascender la respiración, por eso. De lo contrario, estarías pre¬guntando: «¿Cómo trascender la respiración?» ¡Tú respiras! Eres un animal que respira; también eres un animal sexual. Pero hay una diferencia. Los primeros catorce años de tu vida, al co¬mienzo, casi no son sexuales, y como mucho existen unos rudi¬mentos del juego sexual que realmente no son sexuales, sino una preparación, un ensayo, nada más. A los catorce años, de re¬pente, la energía ha madurado.
Observa esto.... nace un niño e inmediatamente, a los tres segundos, el niño tiene que respirar; si no, morirá. Después la respiración seguirá estando presente a lo largo de toda su vida, porque comenzó desde el primer momento. No puede ser tras¬cendida. Tal vez se detenga antes de morir, unos tres segundos antes, pero no antes de eso. Tenlo en cuenta siempre: los dos ex¬tremos de la vida, el principio y el fin, tienen un parecido exac¬to, son simétricos. El niño nace, comienza a respirar a los tres segundos. Cuando el niño sea un viejo y se esté muriendo, en cuanto se detenga la respiración, a los tres segundos de detener¬se, morirá.
El sexo aparece en una etapa muy posterior: durante catorce años el niño ha vivido sin sexo. Y si la sociedad no está demasia¬do reprimida y, en consecuencia, obsesionada con el sexo, el niño podrá vivir ignorando que existe el sexo o algo parecido. El niño puede permanecer completamente inocente. Esa ino¬cencia tampoco es posible porque la gente está muy reprimida. Cuando aparece la represión también aparece, codo con codo, la obsesión.
De modo que los sacerdotes siguen reprimiendo; y también hay anti-sacerdotes, como Hugh Hefners y algunos otros, que si¬guen produciendo cada vez más pornografía. Por un lado están los sacerdotes que siguen reprimiendo, y por el otro están los anti-sacerdotes, que hacen que la sexualidad sea cada vez más atractiva. Ambos existen simultáneamente, son dos caras de la misma moneda. Cuando desaparezcan las iglesias desaparecerá el P1ayboy, y no antes de eso. Son socios en este negocio. Pare¬cen enemigos, pero no te dejes engañar. Hablan mal el uno del otro, pero así es como funcionan las cosas.
He oído contar una historia sobre dos hombres que estaban sin trabajo, habían quebrado, de modo que decidieron hacer un negocio, una cosa sencilla. Empezaron a viajar, desplazándose de una ciudad a otra. Primero llegaba uno de ellos por la noche y echaba alquitrán en las puertas y ventanas de las casas. Un par de días más tarde aparecía el otro hombre para limpiar. Anun¬ciaba que podía quitar las manchas de alquitrán y de cualquier otra cosa y que podía limpiar las ventanas. En ese momento el otro hombre estaba en otro pueblo haciendo la otra mitad del negocio. Así es como empezaron a ganar mucho dinero.
Esto es lo que está ocurriendo entre la iglesia y Hugh Hefners y la gente que está continuamente produciendo porno¬grafía.
Me contaron que:

La linda señorita Pereira estaba sentada en el confesionario.
-Padre --dijo-, tengo que confesarle que he dejado que me besara mi novio.
-¿Sólo has hecho eso? -le preguntó el cura muy interesado.
-Bueno, no. También le dejé que me pusiera la mano en la pierna.
-Y después, ¿qué?
-Después le dejé que me bajara las braguitas.
-¿Y entonces, entonces ... ?
-Entonces entró mi madre en la habitación.
-¡Mierda! -suspiró el cura.

Van a la par; son socios en la conspiración. Siempre que es¬tás muy reprimido empiezas a tener una curiosidad perversa. El problema no es el sexo sino la curiosidad perversa. Este cura está neurótico el sexo no es el problema, pero este hombre está tras¬tornado.

Las hermanas Alicia Margarita y Francisca Catalina estaban andando por una callejuela cuando, de repente, dos hombres las agarraron, se las llevaron a un callejón y las violaron.
-Padre, perdónales -dijo la hermana Alicia Margarita-, por¬que no saben lo que hacen.
-¡Cállate -respondió la hermana Catalina-, éste sí que sabe!

Inevitablemente, tiene que ser así. De modo que nunca te guardes en la mente ni una sola idea contra el sexo; si no, jamás serás capaz de trascenderlo. Las personas que trascienden el sexo son personas que lo aceptan con naturalidad. Es difícil, lo sé, porque habéis nacido en una sociedad que está neurótica con el sexo. En uno u otro sentido, pero neurótica. Es muy difícil sa¬lir de esta neurosis, pero si estás un poco atento, lo conseguirás. De modo que, en realidad, no se trata de cómo trascender el sexo, sino cómo trascender la ideología pervertida de la socie¬dad: el miedo al sexo, la represión y la obsesión con el sexo.
El sexo es hermoso. En sí mismo, el sexo es un fenómeno rít¬mico natural. Ocurre cuando el niño está listo para ser concebi¬do, y menos mal que sucede, si no, no existiría la vida. La vida existe a través del sexo; el sexo es el instrumento. Si compren¬des la vida, si la amas, sabrás que el sexo es bendito, es sagrado. Entonces lo vives, disfrutas de él; y desaparece con la misma na¬turalidad como apareció, espontáneamente. Cerca de los cua¬renta y dos años, alrededor de esa edad, empieza a desaparecer tan naturalmente como se gestó. Pero no sucede así.
Os sorprenderá que diga que sucede hacia los cuarenta y dos años. Conocéis a personas con setenta y ochenta años que toda¬vía no lo han trascendido. Ya sabéis, «los viejos verdes». Son víc¬timas de la sociedad. Es la resaca que queda cuando no pudieron ser naturales, porque se reprimieron en vez de divertirse y dis¬frutar. En los momentos de placer no estaban ahí con totalidad. No eran orgásmicos, eran indiferentes. Siempre que seas indife¬rente con una cosa, la arrastrarás durante más tiempo...
Esta es mi interpretación: si las personas han vivido correc¬tamente. amorosamente, naturalmente, empezarán a trascender el sexo a los cuarenta y dos años. Si no han vivido naturalmente y han estado luchando con el sexo, los cuarenta y dos años se convertirán en la edad más peligrosa, porque cuando llegan a esta edad su energía empieza a descender. Cuando eres joven puedes reprimirte, porque tienes mucha energía. Fíjate en la pa¬radoja del asunto: un hombre joven puede reprimir su energía sexual fácilmente porque tiene energía para reprimirla. La pue¬de suprimir y sentarse encima de ella. Cuando la energía se va, declina, el sexo se impone y no serás capaz de controlarlo.
He oído contar una anécdota:

Suárez, que tenía sesenta y cinco años, fue a la consulta de su hijo, el doctor Suárez, y le pidió algo para aumentar su po¬tencia sexual. El colegiado le puso una inyección y después se negó a cobrarle la consulta. No obstante, Suárez insistió en dar¬le mil pesetas.
Al cabo de una semana, Suárez volvió a por otra inyección y esta vez le pagó dos mil pesetas.
-Pero, papá, las inyecciones sólo valen mil pesetas.
-Tómalas -dijo Suárez-, las otras mil son de mamá.

Esto continuará.... así que por favor, antes de que seas papá o mamá, liquida este asunto. No esperes a ser viejo porque en¬tonces será horrible. Todo funcionará a destiempo.

¿Por qué me fascina tanto la pornografía?

Debe de ser tu educación religiosa, la catequesis; de lo con¬trario, no te interesaría la pornografía. Cuando estás en contra de la realidad, empiezas a imaginar. El día que desaparezca la educación religiosa de la tierra, morirá la pornografía. No puede morir antes. Parece paradójico. Las revistas como P1ayboy sólo existen gracias al respaldo de¡ Vaticano. Sin el Papa no existiría la revista P1ayboy; no podría existir. No tendría motivos para existir. Los sacerdotes están detrás de todo esto.
¿Por qué debería interesarte la pornografía cuando hay gen¬te viva a tu alrededor? Y es tan hermoso mirar a la gente viva. No estás interesado en la foto de un árbol desnudo, ¿verdad? ¡Porque todos los árboles están desnudos! Haz una cosa: tapa todos los árboles, y antes o después, verás revistas que circulan ilegalmente ¡con árboles desnudos! Y la gente las leerá, y las ho¬jeará y disfrutará escondiéndolas dentro de la Biblia. Inténtalo y verás.
La pornografía sólo puede desaparecer cuando la gente acep¬te su desnudez naturalmente. No te interesa ver gatos, perros, leones o tigres desnudos en las fotos, ¡ya están desnudos! En rea¬lidad, cuando pasa a tu lado un perro, ni siquiera reparas en ello; no te das cuenta que está desnudo. En Inglaterra, me han con¬tado que algunas mujeres cubren con ropa a sus perros. Tienen miedo que la desnudez de un perro pueda molestar a algún alma espiritual o religiosa. He oído decir que Bertrand Russell cuenta en su autobiografía que en su niñez, en la época victoriana, se cubrían incluso las patas de las sillas, porque eran patas.
Si el hombre puede ser natural, desaparece la pornografía. Si la gente puede estar desnuda.... no estoy diciendo que tengan que estar desnudos en el despacho; no hay que exagerar. Pero en las playas, en los ríos o cuando están tranquilos, relajados en sus casas, descansando bajo el sol en el jardín, ¡deberían estar des¬nudos! Permítele a los niños jugar desnudos al lado de sus pa¬dres desnudos. ¡La pornografía desaparecerá! ¿Quién va a mirar la revista Playboy?¿Para qué? Se les ha privado de algo, se re¬prime una curiosidad natural, de ahí la pornografía...
Deshazte M cura que llevas dentro, dile adiós. De repente, verás que la pornografía desaparece. Mata al cura en tu inconsciente y verás cómo sucede un gran cambio en tu ser. Serás más íntegro.

Un representante que estaba pasando la noche en un hotel encontró una Biblia junto a su cama. En la cubierta halló escri¬to esto: «Si estás enfermo, lee la página cuarenta y dos. Si estás preocupado por tu familia, lee la página sesenta y ocho. Sí te en¬cuentras solo, lee la página noventa y dos.»
Se encontraba solo, de modo que abrió la página noventa y dos y la leyó. Cuando terminó, se fijó que al final de la página ha¬bían escrito a mano: «Si todavía te encuentras solo, llama al 62485 y pregunta por Gloria.»

A menos que medite, el hombre se volverá loco, loco por las mujeres. La meditación es más difícil para el hombre que para la mujer. Si le preguntas a una madre experimentada que haya te¬nido dos o tres hijos, sabrá decirte antes de dar a luz si es niño o niña, porque las niñas son más silenciosas y los niños ya jue¬gan al fútbol. Dan patadas a diestro y siniestro.
Las chicas pueden entrar más profundamente en medita¬ción. Por una parte pueden meditar más profundamente, y por otra su sexualidad es negativa, no es compulsiva.
Me quedé asombrado de mi experiencia al relacionarme con todo tipo de monjes y monjas, porque no hay ningún monje que sea realmente célibe; sin embargo, las monjas lo son. Pueden conseguir ser célibes; no tienen un sexo agresivo, y además la. na¬turaleza ha previsto que cada mes salga automáticamente la ener¬gía sexual de su cuerpo, vuelven a estar limpias otro mes. Pero el hombre está en un aprieto. Su energía sexual sólo se puede mitigar con la meditación profunda. Entonces no enloquecerá.
A no ser que medites profundamente, no serás capaz de tras¬cender tu locura sexual...

La manifestación estudiantil se había convertido en un al¬tercado. De repente, salió de entre la multitud un hombre tam¬baleándose que llevaba en brazos a una chica coja.
-Deprisa -dijo un policía que corría hacia el hombre-, pása¬mela. La sacaré de aquí.
-,Qué diablos -contestó el hombre-, ve y búscate una!

Incluso en un altercado, cuando está muriendo gente, la mente de¡ hombre sigue pensando en el sexo.
El sexo es la mayor esclavitud del hombre.
Hay que hacer un gran esfuerzo meditativo para que toda tu energía sexual se empiece a mover hacia arriba en lugar de ir hacia abajo. En vez de buscar una mujer hermosa, empieza a crear dentro de ti un hombre hermoso. Antes que encontrar una mujer agraciada, es preferible que te vuelvas agraciado con tu energía.
Pero el hombre es más estúpido que la mujer. Toda la his¬toria ha sido construida por el hombre, y ya podéis ver qué lo¬cura: no es la historia de la humanidad, sino la de la locura, las guerras, las violaciones, quemando gente viva, destrucción...

Un matrimonio llevó a su hijo pequeño al circo. Durante el número del gorila el marido tuvo que ir al lavabo. En su ausen¬cia, el niño le dio con el codo a su madre y le preguntó:
-¿Qué es esa cosa larga que le cuelga al gorila entre las piernas?
La madre estaba muy avergonzada y dijo rápidamente:
-No es nada, cariño.
Cuando el marido regresó, la esposa salió a comprar palomi¬tas y, en su ausencia, el niño le dio con el codo a su padre y le preguntó:
-Papá, ¿qué es esa cosa tan grande que le cuelga al gorila en¬tre las piernas?
El padre sonrió y le dijo:
-Eso, hijo mío, es su pene.
El niño pareció confundido por unos instantes y después dijo:
-Entonces, ¿por qué mamá me ha dicho que no era nada?
Hijo -dijo el padre orgulloso-, es que la tengo mal acos¬tumbrada.

Cuando te diriges a nosotros, parece que la iluminación y la dicha están muy próximas, y la budeidad a un paso de distancia. Entonces, ¿por qué me comporto como un gorila gruñón cuando estoy con mi novia?

Todo el mundo se comporta como un gorila cuando está con su novia. De lo contrario, las novias se sentirían frustradas. Cuanto más te comportas como un gorila, más satisfechas se sienten. Simplemente, observa: eres tan divertido cuando te comportas como un gorila que no hay novia que se lo quisiera perder. Si te comportas como un caballero, tu novia se sentirá frustrada. Pero la iluminación sigue estando a un paso del gorila.
Da igual dónde estés, la iluminación siempre estará a la distancia constante de un paso. Salte del gorila y te iluminarás. A veces es más fácil salirse del gorila, porque ¿a quién le gusta ser un gori¬la? Si eres el presidente Ronald Reagan, un primer ministro o el hombre más rico de la tierra, te resultará más difícil. Para ti es más difícil salirte de ese papel, estos son los papeles que se in¬terpretan en el escenario del teatro de la vida humana.
La iluminación es más sencilla cuando interpretas un papel que no te gusta. Lo odias con todo tu ser, pero tienes que inter¬pretarlo para tu novia. La novia también está intentando in¬terpretar su papel, pero sería muy difícil meter a dos gorilas en la misma cama, por eso el hombre ha conseguido que la chica sea delicada, cierre los ojos, se tumbe como una muerta para que él pueda saltar en la cama como si fuese un gorila.
Pero no te gusta ese papel. Estaría bien que tuvieses una cá¬mara colocada para filmarte mientras te comportas como un go¬rila. Y más tarde, al verlo, te sentirás muy avergonzado: ¿qué es¬tás haciendo? ¿Qué clase de idiota eres? Menos mal que la gente apaga la luz. En el pasado, todas las sociedades han estado en contra de que la gente hiciese el amor al aire libre, en la playa o en un parque. En el pasado, todas las sociedades han estado muy en contra, por la sencilla razón que cualquiera que se com¬portase como un gorila a la orilla del mar les estaría recordando a todos los demás hombres en la playa que «esto es lo mismo que yo hago, pero yo lo hago a oscuras, por la noche».
Pero el paso que hay de ser un gorila a estar iluminado sim¬plemente es el paso de ser consciente de lo que estás haciendo y salirte del acto, de la misma manera que una serpiente se des¬prende de su vieja piel. Salta de la cama y conviértete en un buda. ¡Inténtalo esta misma noche! Justo mientras estás actuan¬do como un gorila, salta de la cama, siéntate en postura de loto ¡y conviértete en un buda! Y te prometo que tu novia se sentirá todavía más feliz y dichosa: «Por fin le ha sucedido algo que tie¬ne sentido.»
Y te sorprenderá darte cuenta de lo pequeña que es la dis¬tancia. En tus sueños puedes ser un gorila, un presidente, el hombre más rico de la tierra.... pero todo son sueños. En reali¬dad, cuando en tus sueños te conviertes en un gorila, es una pe¬sadilla. Todos los romances se vuelven pesadillas. Y también pa¬rece muy difícil despertar de la pesadilla, pero la gente sólo quiere despertar cuando sus sueños se convierten en pesadillas. Si el sueño continúa, dulce, hermoso, ¿quién quiere desper¬tarse?
Menos mal que te has dado cuenta de una cosa.... que te comportas como un gorila. Es una conclusión importante. Pero ahora mismo, esta noche, da el primer paso para iluminarte; ma¬ñana todos podrán ver que este hombre (que solía ser un gorila) se ha iluminado. Todavía existen los milagros.

¿Cuales la diferencia entre sexo normal y sexo tantrico?

Tu acto sexual y el acto sexual tántrico son básicamente di¬ferentes. Tu acto sexual es para descargar; es como un buen es¬tornudo. Expulsas la energía y aligeras el peso. Es destructivo, no es creativo. Es bueno, es terapéutico. Te ayuda a relajarte, pero nada más.
El acto sexual tántrico es, básicamente, diametralmente opuesto y diferente. No se hace para descargar. Se hace para per¬manecer en el acto sin eyacular, sin expulsar toda la energía; para fundirse en el acto: al principio del acto, no al final. Esto transforma la cualidad, en conjunto, la cualidad es diferente.
Intenta comprender estas dos cosas. Hay dos tipos de clímax, dos tipos de orgasmo. Uno ya lo conoces. Llegas a la cúspide de la excitación y no puedes ir más lejos: ha llegado el final. La ex¬citación alcanza un punto donde ya no es voluntaria. La energía te invade y sale. Te descargas, te aligeras. Expulsas la carga; pue¬des relajarte y dormir.
Lo estás usando como si fuese un tranquilizante. Es un tran¬quilizante natural: le seguirá un buen descanso, siempre que tu mente no esté agobiada por la religión. En ese caso, se destruye incluso el efecto tranquilizante. Si tu mente no está agobiada por la religión, el sexo podrá ser tranquilizante. Si te siente cul¬pable, hasta tu sueño se alterará. Te sentirás deprimido, empe¬zarás a descalificarte y a jurar que ya no volverás a gozar. Después tu sueño se convertirá en una pesadilla. Si eres un ser natural y no estás demasiado agobiado por la religión y la mora¬lidad, entonces podrás usar el sexo como un tranquilizante.
Este es un tipo de orgasmo: llegar a la cúspide de la exci¬tación. El tantra se basa en otro tipo de orgasmo. Si llamamos al primero un orgasmo cúspide, el orgasmo tántrico se podrá lla¬mar orgasmo valle. En él no llegas a la cúspide de la excitación sino al valle más profundo de la relajación. Al principio, la exci¬tación es necesaria para ambos. Por eso digo que al principio son iguales pero los finales son completamente diferentes.
La excitación se usa para ambos: tanto si vas a la cúspide de la excitación como si vas al valle de la relajación. para el prime¬ro, la excitación tiene que ser intensa, cada vez más intensa. Tie¬nes que desarrollarte en él, tienes que ayudarlo a crecer hasta la cúspide. En el segundo, la excitación sólo es el principio. Des¬pués, una vez que el hombre ha penetrado, el amante y la ama¬da se pueden relajar. No es necesario hacer ningún movimiento. Se pueden relajar en un abrazo cariñoso. Si el hombre o la mujer sienten que se va a perder la erección, sólo entonces se precisa movimiento. Pero después te vuelves a relajar. Puedes prolongar este profundo abrazo durante horas sin eyacular, y después los dos podéis dormir juntos profundamente. Esto -esto- es un or¬gasmo valle. Los dos están relajados y se encuentran dos seres relajados.
En el orgasmo sexual corriente se encuentran dos seres ex¬citados, tensos, llenos de excitación, intentando descargarse. El orgasmo sexual corriente parece una locura; el orgasmo tántri¬co es una meditación profunda, relajante.
Quizá no os hayáis dado cuenta pero el hecho de que el hom¬bre y la mujer sean fuerzas opuestas es biológico, bioenergético. Negativo-positivo, ying-yang o como quieras llamarlo, se excitan el uno al otro. Y cuando se encuentran en una meditación profunda se revitalizan. Ambos se revitalizan, se vuelven gene¬radores, se sienten más vivos, están radiantes de nueva energía y no se pierde nada. Basta con encontrarte con el polo opuesto para que la energía se renueve.
El acto sexual tántrico se puede repetir todas las veces que quieras. El acto sexual corriente no se puede repetir todas las veces que quieras porque pierdes energía, y tu cuerpo tendrá que esperar para volver a recuperaría. Y cuando la recuperes, la vol¬verás a perder. Parece absurdo. Desperdiciar toda la vida en ga¬narla y perderla, ganarla y perderla: es como una obsesión.
Lo segundo que hay que tener en cuenta es que tal vez lo hayas observado o tal vez no pero si te fijas, los animales nunca disfrutan del sexo. No disfrutan durante el coito. Fijaos en los babuinos, los monos, los perros o cualquier tipo de animal. Du¬rante el acto sexual no están felices ni disfrutando, ¡no lo pare¬ce! Parece más un acto mecánico; es como si una fuerza natural les impulsara a hacerlo. Si alguna vez has visto a los monos durante el coito habrás visto que al terminar se separan. Si te fijas en sus caras no están extáticos, es como si no hubiese sucedido nada. Cuando la energía lo requiere, cuando es excesiva, la ex¬pulsan.
El acto sexual corriente es exactamente así, pero los mora¬listas han estado diciendo lo contrario. Dicen: «No te abandones, no "disfrutes".» Dicen: «Esto es lo que hacen los animales.» ¡No es cierto! Los animales jamás disfrutan; sólo el hombre puede disfrutar. Y cuanto más profundamente puedas disfrutar, más elevada será la humanidad resultante. Si tu acto sexual se puede convertir en un acto meditativo, extático, alcanzarás lo más ele¬vado. Pero no te olvides del tantra: es un orgasmo valle, no una experiencia cumbre. ¡Es una experiencia valle!
En Occidente, Abraham Maslow ha hecho muy famoso el tér¬mino experiencia cumbre. Vas hacia la cumbre a través de la excitación y después caes. Por eso sientes una caída después del acto sexual. Es natural: estás cayéndote desde la cumbre. Jamás sentirás eso después de una experiencia de amor tántrico. Entonces no caerás. No puedes caerte porque estás en el valle, me¬jor dicho, estás ascendiendo.
Después de un acto sexual tántrico, no has caído sino que has ascendido. Te sientes cargado de energía, más vital, más vivo, radiante. Ese éxtasis puede durar horas, incluso días. Sólo depende de la profundidad con que lo hayas realizado. Si empie¬zas a practicarlo, antes o después te darás cuenta que la eyaculación es una pérdida de energía. No es necesaria, a menos que necesites tener niños. Y con un acto sexual tántrico te sentirás profundamente relajado durante todo el día. Basta una sola ex¬periencia tántrica para que te sientas relajado durante varios días, cómodo, en casa, no violento, no enfadado, no deprimido. Una persona así no puede ser un peligro para los demás. Si pue¬de, ayudará a los demás a ser felices. Si no puede, al menos no hará infeliz a nadie.
Solamente el tantra puede crear un nuevo hombre, y enton¬ces crecerá el hombre que pueda conocer la eternidad, el no ego¬centrismo y la no dualidad con la existencia.

Publicado por Luz_de_Vida @ 8:32  | LIBROS
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